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domingo, 1 de julio de 2012

Compartiendo El dolor de María Santísima, con mis hermanos en Cristo Jesús



Santa Nutriz que lactará por todos los siglos a los párvulos de Cristo con su llanto, 
para criarlos para la Vida de los Cielos.

 Viento suave de frescura matutina, hermosa estrella, delicia de Dios.

María es la dulzura y la paz de los infelices...

El Dolor de María en el Sepulcro
El motivo fundamental de su dolor Es: el recuerdo de la infancia de Jesús, de su amor por Él, de sus cuidados, temerosos incluso del aire más vivo para la Criaturita divina.

« ¿Qué te han... qué te han hecho, Hijo mío?

¡Vuelve, vuelve, amado Hijo, Hijo adorado, Hijo santo! Estoy muriendo. No resisto esta desolación mía. Muéstrame de nuevo tu rostro. Llámame otra vez. ¡No puedo pensar en ti y verte sin voz, sin mirada, cadáver frío y sin vida!


Yo soy, PADRE, como una mujer por ti maldecida por su pecado. Ya no estás conmigo. La Gracia se ha retirado como si yo fuera una segunda Eva pecadora. 
Pero te he sido siempre fiel.
¿En qué te he desagradado? 
Has hecho de mí lo que has deseado y siempre te he dicho: 
"Sí, Padre. Estoy dispuesta". 
 ¿Y Jesús? ¿En qué ha faltado tu Cordero puro y manso?  
¿En qué te hemos ofendido, para que, además del martirio dado por mano de los hombres, tengamos que recibir la tortura incalculable de tu abandono?
Le has triturado el corazón con tu abandono y has dejado que un hombre lo pusiera al descubierto para que yo lo viera y también resultara triturada. 
Pero por mí no me importa. Es por Él, por Él te pregunto y solicito tu respuesta. 
 ¿Cómo has permitido que fuera herido el Corazón de nuestro Hijo? 
¡Piedad! Has sido bueno. Has sido bueno. La herida, la única herida que no le ha hecho daño ha sido ésta. Tu abandono ha servido para que muriera antes de la puesta de sol y así evitarle otras torturas.
 
¡Oh, alma de mi Jesús, oh alma de mi Cristo, oh alma de mi Señor, 
 ¿dónde estás?! 
 ¿Por qué le habéis quitado el alma a mi Hijo, 
hienas crueles unidas con Satanás? ¿Y por qué no me habéis crucificado con Él? ¿Habéis tenido miedo de un segundo delito?   
¿Y qué era matar a una pobre mujer, para vosotros que no habéis vacilado en matar a Dios hecho Carne? 

 -A1 menos en la tumba, aquí dentro, habríamos estado juntos, como habríamos estado juntos en la agonía en el madero, y juntos en el viaje de después de la muerte y al encuentro de la Vida.
 
¿Recuerdas HIJO aquella beatífica luz que el Padre mandó desde el Cielo para envolver el misterio de tu florecer y para que te fuera menos repulsivo este mundo oscuro, a ti que eras Luz y venías de la Luz del Padre y del Espíritu Paráclito? 

 
¿Recuerdas cómo te amó este seno, siendo Tú una pequeña semilla palpitante?... Sigue siendo el mismo. ¡Es mi derecho y mi deber de Madre! Es mi deseo. Sólo la Madre puede tenerlo, puede tener hacia el Hijo un amor tan grande como el Universo.
 
Dejadlo en el regazo de su Madre. Si logro darle calor, resucita antes; si logro consolar al Padre y consolarlo a Él del odio deicida, el Padre perdona antes y Él vuelve antes.
 
Los pastores adoraron al Salvador mientras dormía su sueño de Niño. Vosotros adorad al Salvador mientras duerme su sueño de Triunfador de Satanás. Y luego, como los pastores, id a decir al mundo: "¡Gloria a Dios! ¡El Pecado ha muerto! ¡Satanás ha sido vencido! ¡Paz en la Tierra y en el Cielo entre Dios y el hombre!". Preparad los caminos de su regreso.
 
¡Dile a tu Madre que vuelves! 
Di: Al tercer día resucitaré".  
¡Te lo suplico, Hijo y Dios! Ayúdame a proteger mi fe.
Satanás la aprisiona entre sus roscas para estrangularla. 

¡Padre! Mucho hay que perdonar a quien no cree. Porque cuando ya no se cree... cuando ya no se cree... todo horror se hace fácil. Yo te lo digo... yo que experimento esta tortura.  
¡Padre, piedad de los que no tienen fe! ¡Dales, Padre santo, dales, por esta Hostia consumada y por mí, hostia que aún se  consume, da tu Fe a los que carecen de fe!

Es la Magdalena la que encuentra la razón capaz de conseguir la obediencia de la Dolorosa.
-Tú eres buena, eres santa, y crees y eres fuerte. 
Pero nosotros ¿qué somos?... ¡Ya lo ves! 
La mayor parte han huido; los que han quedado estamos aterrados. La duda, ya presente en nosotros, nos haría ceder. 
Tú eres la Madre. No tienes sólo el deber y el derecho respecto a tu Hijo, sino el deber y el derecho respecto a lo que es del Hijo.  

Debes volver con nosotros, estar entre nosotros, para recogernos, para confirmarnos, para infundirnos tu fe. Tú has dicho, después de tu justo reproche de nuestra pusilanimidad e incredulidad: "Más fácil le será resucitar si está libre de estas vendas". 
Yo te lo digo: "Si nosotros logramos reunirnos en la fe en su Resurrección, resucitará antes. Lo llamaremos con nuestro amor...".

¡Madre, Madre de mi Salvador, vuelve con nosotros, tú, amor de Dios, para darnos este amor tuyo! 
¿Acaso quieres que se pierda de nuevo la pobre María de Magdala, a la que Él ha salvado con tanta piedad?

 
«El Señor te
Bendiga y te guarde.
El Señor te muestre su rostro
Y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva a ti su rostro
Y te dé su paz".





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