Santa Nutriz que lactará por todos los siglos a los párvulos de Cristo con su llanto,
para criarlos para la Vida de los Cielos.
Viento
suave de frescura matutina, hermosa estrella, delicia de Dios.
María es la
dulzura y la paz de los infelices...
El
Dolor de María en el
Sepulcro
El motivo fundamental de su dolor Es: el recuerdo de la infancia de Jesús,
de su amor por Él, de sus cuidados, temerosos incluso
del aire más vivo para la Criaturita divina.
« ¿Qué te
han... qué te han
hecho, Hijo mío?”
¡Vuelve,
vuelve, amado Hijo, Hijo adorado, Hijo santo! Estoy muriendo. No resisto esta
desolación mía. Muéstrame de nuevo tu rostro. Llámame otra vez. ¡No puedo pensar en ti y verte sin voz, sin
mirada, cadáver frío y sin vida!
Yo soy, PADRE, como una mujer por ti maldecida por su pecado. Ya no estás conmigo.
La Gracia se ha retirado como si yo fuera una segunda Eva pecadora.
Pero te he
sido siempre fiel.
¿En
qué
te he desagradado?
Has hecho de mí
lo que has deseado y siempre te he dicho:
"Sí,
Padre. Estoy dispuesta".
¿Y Jesús?
¿En
qué
ha faltado tu Cordero puro y manso?
¿En
qué
te hemos ofendido, para que, además
del martirio dado por mano de los hombres, tengamos que recibir la tortura
incalculable de tu abandono?
Le has triturado el
corazón
con tu abandono y has dejado que un hombre lo pusiera al descubierto para que
yo lo viera y también
resultara triturada.
Pero por mí
no me importa. Es por Él, por
Él
te pregunto y solicito tu respuesta.
¿Cómo
has permitido que fuera herido el Corazón
de nuestro Hijo?
¡Piedad!
Has sido bueno. Has sido bueno. La herida, la única
herida que no le ha hecho daño
ha sido ésta.
Tu abandono ha servido para que muriera antes de la puesta de sol y así
evitarle otras torturas.
¡Oh, alma de
mi Jesús, oh alma de mi Cristo, oh alma de mi Señor,
¿dónde estás?!
¿Por qué le habéis quitado
el alma a mi Hijo,
hienas crueles unidas con Satanás? ¿Y por qué no me habéis
crucificado con Él? ¿Habéis tenido miedo de un segundo delito?
¿Y qué era matar a una pobre mujer, para vosotros que
no habéis vacilado en matar a Dios hecho Carne?
-A1 menos en la tumba,
aquí
dentro, habríamos
estado juntos, como habríamos
estado juntos en la agonía en
el madero, y juntos en el viaje de después
de la muerte y al encuentro de la Vida.
¿Recuerdas HIJO
aquella beatífica luz que el Padre mandó desde el Cielo para envolver el misterio de tu
florecer y para que te fuera menos repulsivo este mundo oscuro, a ti que eras
Luz y venías de la Luz del Padre y del Espíritu Paráclito?
¿Recuerdas cómo te amó este seno,
siendo Tú una pequeña semilla palpitante?... Sigue siendo el mismo. ¡Es mi
derecho y mi deber de Madre! Es mi deseo. Sólo la Madre puede tenerlo, puede tener hacia el
Hijo un amor tan grande como el Universo.
Dejadlo
en el regazo de su Madre. Si logro darle calor, resucita antes; si logro
consolar al Padre y consolarlo a Él del
odio deicida, el Padre perdona antes y Él vuelve
antes.
Los pastores adoraron al Salvador mientras dormía su sueño de Niño. Vosotros
adorad al Salvador mientras duerme su sueño de Triunfador de Satanás. Y luego,
como los pastores, id a decir al mundo: "¡Gloria a Dios! ¡El Pecado ha muerto! ¡Satanás ha sido
vencido! ¡Paz en la Tierra y en el Cielo entre Dios y el hombre!". Preparad
los caminos de su regreso.
¡Dile a tu
Madre que vuelves!
Di: “Al tercer día resucitaré".
¡Te lo suplico, Hijo y Dios! Ayúdame a proteger mi fe.
Satanás la aprisiona entre sus roscas para estrangularla.
¡Padre!
Mucho hay que perdonar a quien no cree. Porque cuando ya no se cree... cuando
ya no se cree... todo horror se hace fácil. Yo te lo digo... yo que experimento esta
tortura.
¡Padre, piedad de los que no tienen fe! ¡Dales, Padre santo, dales, por esta Hostia
consumada y por mí, hostia que aún se consume, da tu Fe a los
que carecen de fe!
Es la Magdalena la que encuentra la razón capaz de conseguir la obediencia de la
Dolorosa.
-Tú eres buena, eres santa, y crees y eres fuerte.
Pero nosotros ¿qué somos?... ¡Ya lo ves!
La mayor parte han huido; los que han quedado estamos aterrados. La duda, ya
presente en nosotros, nos haría ceder.
Tú eres la Madre. No tienes sólo el deber y el derecho respecto a tu Hijo, sino
el deber y el derecho respecto a lo que es del Hijo.
Debes volver con nosotros,
estar entre nosotros, para recogernos, para confirmarnos, para infundirnos tu
fe. Tú has dicho, después de tu justo reproche de nuestra pusilanimidad e incredulidad:
"Más fácil le será resucitar si está libre de estas vendas".
Yo te lo digo: "Si nosotros
logramos reunirnos en la fe en su Resurrección, resucitará antes. Lo llamaremos con nuestro amor...".
¡Madre,
Madre de mi Salvador, vuelve con nosotros, tú, amor de Dios, para darnos este amor tuyo!
¿Acaso
quieres que se pierda de nuevo la pobre María de Magdala, a la que Él ha
salvado con tanta piedad?
«El Señor te
Bendiga y te
guarde.
El Señor te muestre su rostro
Y tenga
misericordia de ti.
El Señor vuelva a ti su rostro
Y te dé su paz".
